jueves, 5 de diciembre de 2013

La Elocuencia

                    

  “El lenguaje fastuoso no es un lujo sino una necesidad”.  León Bloy.  Lo que quería decir con esto es que hay que escribir para convencer.
 No es lo mismo decir:
   No sabía si encontraría a la Maga. Preferíamos encontrarnos jugando a las casualidades, sabiendo que no había nada de casual en nuestros encuentros.
A decir: 
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
  ¿Cuál de las dos convence más? Hay que escribir sin miedo a exagerar. Al contrario, exagerar mucho en un primer momento, si se quiere. El resto ya se verá cuando llegue el trabajo de la corrección.
  Me ha pasado de sentir en algunos pasajes de la bella obra de García Márquez, la exageración desmesurada del artista. Es mejor pecar por exceso, que por falta de elocuencia y que nuestro texto diga poco, o nada.
  Podríamos practicar, como en este ejemplo, sacando un párrafo de una obra para expresarnos con nuestras propias palabras. Luego leer la pagina entera en la que está metido nuestro párrafo. De esta manera podremos saber si tenemos un lenguaje rico o por el contrario, si lo que decimos desentona con el resto por lo pobre de la descripción.

   Para lograr elocuencia es bueno leer mucho de todo, y en mayor proporción poesía. La elocuencia es un arte en si, muy necesario o mejor dicho imprescindible para la novela. En el cuento se puede ser más parco, pero no demasiado.

domingo, 17 de noviembre de 2013

El Talento

  Existe un talento innato para escribir, un algo que viene por defecto, aunque luego haya que pulirlo. Esto no debería llamar la atención a no ser que hablemos de un súper  talento, de los que si hay muy pocos. A lo mejor nazcan uno o dos por siglo. Borges es un buen ejemplo de súper talento.
  Pero a todo ser humano le es entregado un talento, a lo mejor varios, al nacer. De ahí que elijamos este o aquel oficio. El subconsciente no es tonto, lo sabe incluso antes que nosotros. Por eso digo que no debe llamar la atención el hecho de poseer un talento.
  Tal vez llame la atención porque el ser humano hoy en día sufre una desventuranza tal, que esa pérdida de si mismo lo impulsa a realizar cosas realmente extrañas para si. El actor que por miedo al futuro se convierte en comerciante o abogado, los oficios que pasan de una a otra generación, por ejemplo.
  ¿Quién tiene coraje para, después de estudiar una carrera de cinco años en la universidad, al finalizar y buscar un empleo decir: me equivoqué, esto no es lo que yo quiero para mí? Luego de cinco años muy largos el ser humano pretende seguridad, dinero, casa, etc...
  Por eso después vemos a médicos sin talento, a oficinistas aburridos hasta el hartazgo, a comerciantes que viven como si esperasen la llegada del amor de sus vidas, sofocados, suspirando, anhelando que en algún momento comiencen a vivir y así ser  felices.
  Nos desviamos de forma antinatural de nuestros talentos. Observamos en quienes han sabido escucharse, conocerse, cómo aman lo que hacen cada día y decimos: ¡ojalá yo tuviera un talento igual!, ¡es cuestión de suerte!, ¡así cualquiera!, o cosas semejantes para quitarnos la responsabilidad de no conocernos.
  El mundo está lleno de personas que no aman lo que hacen por desconocer sus talentos. Existen muchas personas que quieren ser escritores por afán de reconocimiento, para ser famosos, para ganar mucho dinero. El foco está en otra parte, no en la pasión de narrar una historia. Y como son demasiadas las personas que se encuentran en esta tesitura, parece que fuera normal no tener talento para lo que uno ha elegido hacer en la vida.
  Creo que una persona debería plantearse esto cuando no siente nada positivo hacia la tarea que realiza. Indagar en uno mismo y cambiar creencias o pensamientos es un trabajo muy profundo y arduo que a lo mejor en este momento de nuestras vidas no estamos listos para realizar, pero que en algún momento, indefectiblemente, tendremos que llevar a cabo. Vivir sin amar lo que uno hace resulta una agonía cotidiana que lamentablemente está vista como algo normal.
Todos tenemos algún talento para trabajarlo. Si escribir es el nuestro  trabajar duro es el único camino.
 







sábado, 2 de noviembre de 2013

Tipos de Personajes



    Personaje Principal: el personaje principal es al que le suceden la mayoría de las cosas o el que se encuentra en la mayor cantidad de acciones y acontecimientos de la historia. Las puede provocar él mismo o le pueden suceder sin que él quiera, sin que busque esas cosas que le suceden. Se encuentra a lo largo de toda la narración o en casi toda su totalidad.

  Con este personaje es con el que los lectores se identifican, sufren sus pérdidas, viven sus hallazgos como si fueran propios o como si se tratara de un ser querido.
  Seguramente nos ha pasado de ver una película en la cual el personaje principal es un ladrón y, aunque nosotros no lo seamos, nos ponemos tensos si la policía está por atraparlos. No queremos que los agarren.
  La Película Atrápame si Puedes, con Leonardo DiCaprio y Tom Hanks es un fiel reflejo de lo que digo. Frank Abagnale Jr. es un estafador que logra hacerse millonario con tan solo diecinueve años. Aunque está fuera de la ley, no queremos que la policía lo encuentre. Este es un personaje bien logrado.
  Su contrapunto es Carl Hanratty, un agente de la FBI que se dedica a investigar fraudes bancarios. Sabemos que Carl representa la ley y que es necesario apresar a Frank, pero aun así no queremos que le pase nada. Es porque estamos identificados con un adolescente que huye de su casa porque sus padres se están divorciando, reconocemos en el personaje de Frank Abagnale Jr. el dolor que siente porque su familia se derrumba.
  Esto demuestra que un buen personaje no es del todo malo ni totalmente bueno. Existen fluctuaciones que debemos tener en cuenta. Por ejemplo un dictador que envía a fusilar inocentes podría ser en su casa un padre muy comprometido con sus hijos. Incluso un hombre que se tira al suelo a jugar con ellos y que se disfraza en los cumpleaños. A lo mejor da a su perro de comer entrecot mientras tiene al pueblo sumergido en el hambre, con niños muriendo de inanición.
  El personaje o los personajes principales llevan la historia. Aunque parezca que al protagonista las cosas le suceden sin más, es él el foco de los acontecimientos. También podría aparecer en la narración como el que hace que las cosas sucedan. Alejandro Magno que conduce a sus guerreros a invadir toda Asia.
  El Raskólnikov de Crimen y Castigo, una novela psicológica de las mejores del género, lleva a un joven tímido a cometer un crimen. Él es el personaje principal que pasa gran parte de su tiempo metido en sus debates psicológicos. Rodión Raskólnikov, un chico que vive en una minúscula habitación y cursa la carrera de abogacía. Como proviene de una familia pobre no logra continuar con su prometedora carrera. Se trata de un buen muchacho que comete un crimen atroz, matando a una vieja usurera y a su encantadora hermana, Isabel. Esta es la dicotomía de un buen personaje. 
Personaje Secundario: Este personaje es el encargado de acompañar al protagonista en sus acciones o apoyarlo de alguna forma que lo lleve por el camino que ha elegido. Se puede dar el caso de que el secundario intente persuadir al protagonista para que abandone su empresa, pero siempre desde un lugar amable, desde el afecto (si es familiar o amigo), pero de ninguna forma oficiará de antagonista, a no ser que la historia se trate de un problema familiar en el cual las partes podrían ser irreconciliables.
  Por lo general el secundario está ahí para aportarle al protagonista, o como la fuerza de un espejo que le muestra algo que él no logra ver de si mismo. En el cuento no hay tanto tiempo para hace esto, apenas si hay espacio para un secundario debido al carácter comprimido del cuento, dónde la historia es más importante que sus personajes. Aunque como toda regla tiene sus excepciones, (pero esto dejémoselo a los grandes como Cortázar).
    Todo lo que haga este personaje con respecto a la historia será en función del protagonista. Y no deberá aparecer siempre, en todos los capítulos en el caso de la novela y, como dije, hay excepciones. Las cosas que sucedan, la gran mayoría de ellas, le ocurrirán al personaje principal.
  Personaje Antagonista: Sin ser protagonista, más bien un secundario, se debatirá con el principal con el único afán de que este no logre su cometido. Aunque muchas veces puede ser que hacerle la vida más difícil al principal no sea algo buscado por un antagonista, como podría ser el caso de un funcionario detrás de un mostrador defendiendo la burocracia. El antagonista podría ser toda una sociedad o una institución como la iglesia. Incluso el protagonista podría convertirse en su propio antagonista, como suele suceder en la vida real con las personas que parecen ir contra si mismas metiéndose en problemas constantemente, o complicándose la vida cada vez que pueden.
   Personaje casual: este tipo de personaje aparece mucho menos en la historia que un secundario o antagonista. Muchas veces sale a escena para desarrollar una determinada acción desapareciendo luego para siempre. En otros casos podría aparecer una o dos veces más, pero sin relevancia. Claro que este personaje es aun más difícil de encontrar en un cuento, sin embargo se podría dar el caso de existir en una unidad tan comprimida como el cuento literario, sin que haya en el un secundario.
  Por ejemplo un protagonista solitario que pasara por un Drive true de comida rápida para hacer un pedido. El personaje casual le entregaría el pedido y listo, desaparecería por completo. Igualmente un policía de transito que le hiciera señas para que tome un desvío porque la calle  
está cortada. Luego de esa acción no volveremos a ver al policía. O cuando el principal habla con el secundario o su antagonista en un café, los demás comensales sentados a las otras mesas serán personajes casuales con aun menor relevancia que la del camarero.
  Este tipo de personaje se encuentra mucho en las novelas. En las películas también, la diferencia estriba en que en una película cada personaje cuesta dinero, por eso es que muchos productores optan por quitarlos. El novelista no tiene ese problema, solo podría deshacerse de ellos para ahorrarse trabajo.
 



viernes, 11 de octubre de 2013

Creación del Personaje Literario 4

 
  Para plasmar un personaje existen muchos caminos, como hemos estado viendo. Uno debe pasar por todos los ejercicios posibles, practicarlos mucho. No hay más secretos. La constancia es el mejor taller literario que podemos realizar. Y si no la tenemos deberemos crearnos una rutina de trabajo para poder conseguirlo. En todos los oficios existen ganancias añadidas al lograr conseguir el instrumento, en este caso convertirnos en escritores o escritoras. Para este oficio es fundamental la paciencia, una cualidad que vamos a desarrollar si o si, en el caso de que nuestro deseo de dedicarnos a este oficio sea una decisión certera.

  Toda la teoría que podamos abarcar nos ayudará de sobremanera, pero es la práctica la que nos llevará a conseguir buenos personajes. La repetición es la clave. Rehacerlo mil veces hasta que salga. Probar y cambiar distintas características de nuestros personajes como si estuviéramos frente a un espejo probándole la ropa a un maniquí. Le ponemos esto por aquello, lo observamos de distintos ángulos: de atrás, de costado, de frente.
  De esta forma iremos perfilando al personaje que por ejemplo antes no cojeaba, y ahora descubrimos que si camina rengueando le da una característica primordial que lo diferencia de los demás personajes y hasta le da carácter.
  Creo que ya lo dije en alguna entrada: un escritor es un buscador incansable. Busca la palabra justa, lograr una atmosfera apropiada, un personaje bien plasmado, etc.
  Pero no olvidemos que un personaje se crea antes y durante la escritura de la historia en cuestión. Incluso a veces se lo sigue logrando después de terminar de escribir la historia, en la fase de la corrección.
  Así que no debe paralizar nuestra escritura la creación de los personajes porque la mayoría de las veces maduran en el transcurso de creación de la narración, y es cuando podemos verlo mejor. Así que inventemos un personaje pero que no nos demore. A medida que suceden los hechos en nuestro cuento o novela el personaje se irá mostrando, construyéndose así mismo a través de sus acciones, emociones y pensamientos, ya que deben vivir por si mismos y nunca a través del pensamiento del autor. Si esto fuera así podríamos caer en el error de estar moviendo a nuestros personajes por la historia como marionetas, logrando que actúen de forma inverosímil para ellos.
  Si es necesario, porque no logras ver con claridad a tu personaje, imagínatelo en pequeñas cosas, en asuntos cotidianos. Imagina cómo va al baño, qué hace cuando se queda solo: ¿habla en vos alta para algún interlocutor invisible? ¿Se muestra fuerte y dominante con los demás, y al retirarse a su cuarto se siente solo y llora con vergüenza porque tiene la idea preconcebida de que los hombres no lloran, que son cosas de mujeres? ¿O por el contrario es una persona que no puede estar sola, no soporta estar consigo misma y sale en busca de gente?
  También nos podemos ayudar leyendo un poco de psicología, un libro que contenga los diferentes perfiles psicológicos. Aunque esto no es imprescindible, ya que deseamos ser escritores de ficción. Podemos inventarlo todo, observarlo todo en la vida.
  Existen muchas formas más de buscar el personaje, tal ves haya una por cada escritor. Lo que expongo acá es una buena referencia, que al aprender a crearlos ya no necesitaremos. A lo mejor solo nos hará falta saber la acción primordial del personaje para plasmarlo a él y a su historia, como se trabaja en los guiones de cine, donde un buen personaje contiene por defecto a la historia.
   Por ejemplo un hombre que le gusta robar a los ricos para darles a los pobres, que vive escondido en los bosques. Esa es una acción primordial que define al personaje Robin Hood, a su forma de pensar y hasta su forma física, que tendrá que ser muy buena porque seguro que encontrará enfrentamientos. ¿Y qué emociones podrá causar en los demás personajes? Seguramente más de una mujer se sentirá atraída y, a su ves, muchos hombres lo envidiaran y hasta incluso querrán verlo muerto. ¿Cómo modifica nuestro personaje el entorno en el cual se mueve?


  

viernes, 4 de octubre de 2013

Creación del Personaje Literario 3

     




     Si queremos aprender a conseguir buenos personajes, el secreto está en trabajarlo mucho. Al personaje uno debe encontrarlo dentro de muchas posibilidades, y ya sabemos que dentro de la cantidad está la calidad.
  En primer lugar una libreta y bolígrafo cargado, como el policía porta su arma. Por hacer un chiste machista: un escritor sin bolígrafo es como un hombre sin pito. No se puede andar por ahí observando el mundo sin tener dónde y con qué contarlo.  
¿Y una escritora sin bolígrafo? Bueno, una chica puede pedir uno donde sea que seguro van a dárselo.

  O sea que hay que llevar la libreta hasta el baño. Incluso tenerla bajo la almohada mientras dormimos para anotar nuestros sueños inmediatamente después de despertarnos. Se pueden sacar verdaderos tesoros de los sueños: personajes, historias, atmósferas. La atmósfera del sueño forma un espacio alucinatorio donde plasmar las historias.
  Debemos anotar lo que nos llame la atención en la calle, mientras trabajamos o vamos al mercado, a la escuela o a una reunión de amigos. Todo hay que apuntarlo siempre y cuando lo que veamos suceder nos interese.
  No hay que cometer el error de que uno puede acordarse de todo lo que ve y escucha para más tarde escribirlo. Esa suerte la podremos tener algunas veces, pero mientras tanto nos olvidaremos un montón de anécdotas más.
  Como dije en otra entrada, uno puede utilizar la manera de caminar de un hermano, el estilo para jugar al póquer de un tío, la manera en que llora una chica….las posibilidades son infinitas.
  Un recurso interesante es construir una ficha del personaje. En el Word o en una ficha propiamente dicha si preferimos realizarlo de forma física. Podríamos comenzar apuntando la fecha de nacimiento del personaje. El lugar donde se crió. Incluso quienes son sus padres y a qué se dedican. Apuntemos las aficiones de nuestro personaje, sus problemas vertebrales o digestivos, esa nariz muy roja que se le enrojece aun más cuando se pasa todo el día bebiendo.
  Claro que todo este trabajo es para que conozcamos bien a nuestro personaje, no para que aparezca en la narración. El trabajo de conocer al personaje es para el escritor. Si cometemos el error de no conocer bien a nuestro personaje, puede que lo hagamos reaccionar o hacer algo inverosímil para él.
  Una vez que tengamos a nuestro Frankestein listo, podríamos escucharlo hablar escribiendo un monologo interior (ya hablaré de está forma de construcción más adelante) en el que nuestro personaje en cuestión sea el narrador.
  Esto tampoco es para incluirlo en la historia, a no ser que al escribirlo nos demos cuenta que lo que queríamos contar se encuentra en ese monólogo interior. Así es el trabajo del escritor, ir probando.
 


viernes, 27 de septiembre de 2013

El Personaje Literario 2

   
  En el training del actor existen ejercicios para anular a ese personaje que llevamos a cuestas durante toda la vida, esa persona que decimos ser, el que destaca por esto o aquello otro, el que escucha o no sabe escuchar, el tímido, el lanzado, la chica guapa, la intelectual, etcétera. No es otra cosa que lograr olvidarnos por un rato del papel que representamos en la vida.
  Para los actores el mundo es un gran teatro de representaciones donde todos y cada uno de nosotros los mortales somos grandes actores sin darnos cuenta. Asumimos un papel desde chicos.
   Representamos escenas, agregamos acá y quitamos allá hasta que nos sentimos cómodos con un personaje y, lo adquirimos. Por ejemplo el hombre dominante que representa su papel de macho alfa porque se siente seguro en ese contexto. O la mujer que le da pena a los demás y de esa forma logra manipularlos. El hombre religioso que tiene la grandiosa tarea de enseñarles a vivir a los demás, el ama de casa, el hijo ejemplar…
  No los expongo para juzgarlos, sino para verlos como personajes desde nuestro punto de vista de creadores, porque uno como escritor no está aquí para juzgar a sus personajes, solo para darles vida, luego ellos harán lo que les plazca.
  Este trabajo de anular al personaje que elegimos para ir por la vida es un trabajo psicofísico, que además de tener un objetivo terapéutico brega en función de dejar a un lado el apego hacia nosotros mismo para poder meterse en la piel de otros. De esta forma el actor aprende a ser múltiples seres humanos: amantes, asesinos, fuertes, débiles, déspotas, etcétera.
  Pienso que el training del actor es ni más ni menos un paso obligado para el aspirante a escritor. Los maestros de teatro (que escriben sus obras de teatro)  suelen ser mejores escritores que los alumnos avanzados de los talleres literarios e incluso de quienes dictan los talleres.
  La razón es que conocen las emociones, saben observarlas en las personas y trabajar con ellas, entienden cómo se realiza una escena, entre otras cosas.
  Repito que este debería ser un paso obligado para el aspirante a escritor, ya que acortaría muchos años de aprendizaje en los que uno anda sin mucha idea de hacia donde va. Incluso para los que ya son escritores este trabajo actoral es recomendable.
  En los talleres literarios uno recibe un acercamiento  a este arte, pero no sale siendo escritor de ningún taller. Se llega a ser escritor cuando se cree en ello como en una cuestión de fe. Escribir es un acto de fe, al igual que realizar el camino que te lleva a ser escritor.
  Sin tenacidad ni fe no hay mucho que hacer. Pero si ya poseemos ambas cualidades y además nos apuntamos a un taller de training actoral, comprenderemos por qué un actor del montón sabe crear un personaje con más talento que un buen escritor.

  Por último, para aquellos que ya escriben hace tiempo y se preguntan cuándo uno se puede considerar ya un escritor, lo comento porque es una pregunta muy recurrida, una de las dudas que suelen tener la gran mayoría en este mundillo literario y, la respuesta es simple: cuando te hayas convertido en un escritor o escritora, no vas a plantearte más esta pregunta. La duda desaparecerá para siempre.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El personaje literario 1

            
   De modo que buscar un personaje no es más que buscar en nuestro interior, en nuestra caja de tesoros de la infancia y la juventud. ¿Y de la madures? Quizás la madures sirva para observar aquella infancia y juventud con nuevos ojos (más sabios o más necios) pero desde la propia mirada.
  Claro que la madurez también sirve porque de lo que se trata es de observar, para más tarde componer.
  Un personaje puede construirse como un collage donde una o varias partes de mis vivencias confluyen en un punto. De esta manera escribo lo particular, aunque también lo universal, porque un escritor es un ser humano que ha sabido plasmar en el papel lo que toda la humanidad ha sentido en algún momento.
  Esto es así debido a que los seres humanos somos distintos en cuestiones culturales, pero la humanidad que brilla en cada uno es la misma.
  Si miramos bien, todo ser humano quiere ser feliz, quiere ser amado, respetado y recordado. No quiere sufrir, a menos que esté loco.
  Los sentimientos son universales, es por eso que los grandes escritores le llegan a mayor numero de lectores y se quedan entre nosotros incluso después de fallecidos. Ellos han sabido plasmar el alma universal.
  Un escritor es un pequeño dios que fabrica seres de tinta, a partir de un corazón humano. Por eso un personaje no debe ser nunca algo plano, sin trasfondo. Su misión es latir en la historia, infundir emociones, evocaciones e identificación en el lector. El escritor poco hábil no logra plasmar personajes sino más bien marionetas que se mueven sin sentido propio, porque van por la historia manipulados por su creador.
  La originalidad radica en trabajar con esos materiales que ya todos conocemos, pero renovarlos a través de la propia cosmovisión.
  Crear un personaje es un arte en si mismo, entre otras cosas porque el personaje podría darnos la historia. Un buen personaje podría nacer embarazado de su historia.
  Incluso podría ser un  Frankenstain que creamos a partir de la mirada de un amigo, la forma de gesticular de un conductor televisivo, la cadencia para caminar de Jhon Wayne, la manera de vestir de un vecino, etc.…Y finalmente, con todos estos retazos conseguimos a nuestro personaje.
  En conclusión, la observación del mundo es absolutamente necesaria. No tenerla en cuenta sería el símil a querer ser escritor evitando la lectura.
  Para darnos cuenta: Si aun no tenemos la habilidad o arte para crear o incluso reconocer a un buen personaje, podremos descubrir a uno bueno luego de concluir la lectura de una novela o cuento de la siguiente forma: si uno se queda pensando en qué va a hacer ese personaje de ahora en más, o incluso unos días después viene a mi mente su recuerdo y me pregunto qué andará haciendo en este preciso instante, es porque estamos enfrente a un personaje bien logrado, que no reconoce los límites entre la realidad y la ficción, suponiendo que los haya. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Papel en Blanco

                                                 

 
  Para el escritor novato enfrentarse al papel en blanco no es una tarea muy agradable. Aun para aquellos escritores experimentados puede ser un motivo de parálisis de la creación. Cuando esto sucede es necesario recordar, que todo aquel que se ponga en marcha con la escritura puede ser susceptible a la dificultad de enfrentarse con la página en blanco.
  Esto podría deberse a: que no hemos elegido bien el tema del cual pensábamos escribir, no se por dónde empezar, tengo miedo a equivocarme, que no sea tan bueno, o cualquier juicio intelectual anterior al trabajo del artesano de la palabra, el trabajo creativo.
  Si esto nos pasa es recomendable: tomarse unas cervezas en un bar mientras meditamos sobre el tema a tratar en nuestro cuento o novela, comentarlo con algún otro escritor si fuera posible, buscar información sobre lo que queremos escribir ( documentarse) o simplemente sentarse y pensar. A veces basta con que esa idea esté trabajando sola en nuestra mente y en un momento dado, podría pasar mucho tiempo, sale a la superficie ya germinada.  La pagina en blanco es simplemente no haber dejado que esa historia que queríamos contar hiciera mella en nuestro interior, por apuro o por la razón que sea. Porque si, las historias necesitan gestarse. Para que nazcan uno debe dejar primero que se afiancen bien dentro para que puedan desarrollarse y crecer lo suficiente para que salga fuera y podamos trabajarla. Este sería nuestro material en bruto para poder trabajar.
  El material en bruto del maestro cantero es la piedra, el del pintor es el bastidor y los pinceles, la pintura, el del carpintero sería la madera. Este producto en el caso del escritor no existe de forma material y palpable. Ese material para trabajar debe desarrollarse con nuestros tiempos internos a los cuales debemos respetar.
   
   Dedicando un tiempo a pensar ya estaremos escribiendo.


  Sería bueno lograr escribir los primeros renglones sin pensar demasiado en si es bueno o malo, porque una vez que se ha pasado la traba del papel en blando, la creatividad debería fluir sin problema. Si esto no sucediera así y las dificultades para mantener la fluidez de la escritura fueran frecuentes, será porque tenemos a nuestro juez interior demasiado presente. 
A LOS ESCRITORES ANÓNIMOS

Alguien me dijo una vez, después de leer uno de mis cuentos:
"No dejes de escribir nunca. No busques la fama ni la fortuna con la escritura; esto es sólo un detalle sin importancia.
Tú perteneces a un grupo de seres tocados por una luz divina, mágica.
Los cinco sentidos que todos los seres humanos tenemos tú los tienes más agudos: ves el mundo con los colores más intensos, oyes los sonidos que te rodean como si de una sinfonía sin fin se tratara, hueles los perfumes de la tierra hasta el más mínimo de los matices, degustas con fruición los sabores de la vida, palpas los volúmenes y las texturas de lo cotidiano y después, con todo este conjunto de experiencias, vivencias y sensaciones, elaboras un cóctel que a través de tus manos, (el tacto otra vez), inmortalizas en una cuartilla de papel.
Los escritores sois un poco dioses, un poco magos, porque a partir de la nada, de una página en blanco, tenéis la capacidad de crear un mundo particular con unos personajes con vida propia.
No dejes de escribir nunca porque, aunque tu relato lo lea una sola persona en el mundo, por el hechizo de tus escritos y a través de los ojos del lector, te habrás
colado en su alma y a partir de ese instante, irreversiblemente, ya formarás parte de él.
Y yo me pregunto: ¿No es esto magia?".
Lorena Pérez de Urgel
Barakaldo,
(Bizkaia) ESPAÑA
Copyright ©2006 Lorena Pérez de Urgel

domingo, 1 de septiembre de 2013

Frases Célebres

«El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras».

 Antón Chéjov. Escritor (1.860-1.904).

Louis Stevenson “La regla de oro del arte literario es: OMITIR”

Igor Stravinsky, compositor musical: "Demasiadas obras concluyen mucho después del final."
Richard North Patterson, narrador: "La escritura no es producto de la magia, sino de la perseverancia."
Tobías Wolff, narrador: "Hazlo. Trabaja duro en ello. Pero hazlo."
Clint Eastwood, actor y cineasta: "Respeta tus esfuerzos, respétate a ti mismo. El auto respeto conduce a la autodisciplina. Cuando cuentas con estos dos factores es cuando tienes el verdadero poder."

Truman Capote, narrador: "Para mí, el mayor placer de la escritura no es el tema que se trate, sino la música que hacen las palabras."

W. Somerset Maugham, narrador: "Escribir con sencillez es tan difícil como escribir bien."
William Shakespeare, dramaturgo: “Acción es elocuencia."

Aristóteles, filósofo: "Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto. Es un hábito."

John Steinbeck, narrador: "Las correcciones hechas durante el proceso de creación son, por lo general, excusas para no seguir adelante."
Michael Dorris, narrador: "Mi objetivo como escritor es desaparecer dentro de la voz de mi historia, convertirme en esa voz."