viernes, 11 de octubre de 2013

Creación del Personaje Literario 4

 
  Para plasmar un personaje existen muchos caminos, como hemos estado viendo. Uno debe pasar por todos los ejercicios posibles, practicarlos mucho. No hay más secretos. La constancia es el mejor taller literario que podemos realizar. Y si no la tenemos deberemos crearnos una rutina de trabajo para poder conseguirlo. En todos los oficios existen ganancias añadidas al lograr conseguir el instrumento, en este caso convertirnos en escritores o escritoras. Para este oficio es fundamental la paciencia, una cualidad que vamos a desarrollar si o si, en el caso de que nuestro deseo de dedicarnos a este oficio sea una decisión certera.

  Toda la teoría que podamos abarcar nos ayudará de sobremanera, pero es la práctica la que nos llevará a conseguir buenos personajes. La repetición es la clave. Rehacerlo mil veces hasta que salga. Probar y cambiar distintas características de nuestros personajes como si estuviéramos frente a un espejo probándole la ropa a un maniquí. Le ponemos esto por aquello, lo observamos de distintos ángulos: de atrás, de costado, de frente.
  De esta forma iremos perfilando al personaje que por ejemplo antes no cojeaba, y ahora descubrimos que si camina rengueando le da una característica primordial que lo diferencia de los demás personajes y hasta le da carácter.
  Creo que ya lo dije en alguna entrada: un escritor es un buscador incansable. Busca la palabra justa, lograr una atmosfera apropiada, un personaje bien plasmado, etc.
  Pero no olvidemos que un personaje se crea antes y durante la escritura de la historia en cuestión. Incluso a veces se lo sigue logrando después de terminar de escribir la historia, en la fase de la corrección.
  Así que no debe paralizar nuestra escritura la creación de los personajes porque la mayoría de las veces maduran en el transcurso de creación de la narración, y es cuando podemos verlo mejor. Así que inventemos un personaje pero que no nos demore. A medida que suceden los hechos en nuestro cuento o novela el personaje se irá mostrando, construyéndose así mismo a través de sus acciones, emociones y pensamientos, ya que deben vivir por si mismos y nunca a través del pensamiento del autor. Si esto fuera así podríamos caer en el error de estar moviendo a nuestros personajes por la historia como marionetas, logrando que actúen de forma inverosímil para ellos.
  Si es necesario, porque no logras ver con claridad a tu personaje, imagínatelo en pequeñas cosas, en asuntos cotidianos. Imagina cómo va al baño, qué hace cuando se queda solo: ¿habla en vos alta para algún interlocutor invisible? ¿Se muestra fuerte y dominante con los demás, y al retirarse a su cuarto se siente solo y llora con vergüenza porque tiene la idea preconcebida de que los hombres no lloran, que son cosas de mujeres? ¿O por el contrario es una persona que no puede estar sola, no soporta estar consigo misma y sale en busca de gente?
  También nos podemos ayudar leyendo un poco de psicología, un libro que contenga los diferentes perfiles psicológicos. Aunque esto no es imprescindible, ya que deseamos ser escritores de ficción. Podemos inventarlo todo, observarlo todo en la vida.
  Existen muchas formas más de buscar el personaje, tal ves haya una por cada escritor. Lo que expongo acá es una buena referencia, que al aprender a crearlos ya no necesitaremos. A lo mejor solo nos hará falta saber la acción primordial del personaje para plasmarlo a él y a su historia, como se trabaja en los guiones de cine, donde un buen personaje contiene por defecto a la historia.
   Por ejemplo un hombre que le gusta robar a los ricos para darles a los pobres, que vive escondido en los bosques. Esa es una acción primordial que define al personaje Robin Hood, a su forma de pensar y hasta su forma física, que tendrá que ser muy buena porque seguro que encontrará enfrentamientos. ¿Y qué emociones podrá causar en los demás personajes? Seguramente más de una mujer se sentirá atraída y, a su ves, muchos hombres lo envidiaran y hasta incluso querrán verlo muerto. ¿Cómo modifica nuestro personaje el entorno en el cual se mueve?


  

viernes, 4 de octubre de 2013

Creación del Personaje Literario 3

     




     Si queremos aprender a conseguir buenos personajes, el secreto está en trabajarlo mucho. Al personaje uno debe encontrarlo dentro de muchas posibilidades, y ya sabemos que dentro de la cantidad está la calidad.
  En primer lugar una libreta y bolígrafo cargado, como el policía porta su arma. Por hacer un chiste machista: un escritor sin bolígrafo es como un hombre sin pito. No se puede andar por ahí observando el mundo sin tener dónde y con qué contarlo.  
¿Y una escritora sin bolígrafo? Bueno, una chica puede pedir uno donde sea que seguro van a dárselo.

  O sea que hay que llevar la libreta hasta el baño. Incluso tenerla bajo la almohada mientras dormimos para anotar nuestros sueños inmediatamente después de despertarnos. Se pueden sacar verdaderos tesoros de los sueños: personajes, historias, atmósferas. La atmósfera del sueño forma un espacio alucinatorio donde plasmar las historias.
  Debemos anotar lo que nos llame la atención en la calle, mientras trabajamos o vamos al mercado, a la escuela o a una reunión de amigos. Todo hay que apuntarlo siempre y cuando lo que veamos suceder nos interese.
  No hay que cometer el error de que uno puede acordarse de todo lo que ve y escucha para más tarde escribirlo. Esa suerte la podremos tener algunas veces, pero mientras tanto nos olvidaremos un montón de anécdotas más.
  Como dije en otra entrada, uno puede utilizar la manera de caminar de un hermano, el estilo para jugar al póquer de un tío, la manera en que llora una chica….las posibilidades son infinitas.
  Un recurso interesante es construir una ficha del personaje. En el Word o en una ficha propiamente dicha si preferimos realizarlo de forma física. Podríamos comenzar apuntando la fecha de nacimiento del personaje. El lugar donde se crió. Incluso quienes son sus padres y a qué se dedican. Apuntemos las aficiones de nuestro personaje, sus problemas vertebrales o digestivos, esa nariz muy roja que se le enrojece aun más cuando se pasa todo el día bebiendo.
  Claro que todo este trabajo es para que conozcamos bien a nuestro personaje, no para que aparezca en la narración. El trabajo de conocer al personaje es para el escritor. Si cometemos el error de no conocer bien a nuestro personaje, puede que lo hagamos reaccionar o hacer algo inverosímil para él.
  Una vez que tengamos a nuestro Frankestein listo, podríamos escucharlo hablar escribiendo un monologo interior (ya hablaré de está forma de construcción más adelante) en el que nuestro personaje en cuestión sea el narrador.
  Esto tampoco es para incluirlo en la historia, a no ser que al escribirlo nos demos cuenta que lo que queríamos contar se encuentra en ese monólogo interior. Así es el trabajo del escritor, ir probando.