jueves, 5 de diciembre de 2013

La Elocuencia

                    

  “El lenguaje fastuoso no es un lujo sino una necesidad”.  León Bloy.  Lo que quería decir con esto es que hay que escribir para convencer.
 No es lo mismo decir:
   No sabía si encontraría a la Maga. Preferíamos encontrarnos jugando a las casualidades, sabiendo que no había nada de casual en nuestros encuentros.
A decir: 
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
  ¿Cuál de las dos convence más? Hay que escribir sin miedo a exagerar. Al contrario, exagerar mucho en un primer momento, si se quiere. El resto ya se verá cuando llegue el trabajo de la corrección.
  Me ha pasado de sentir en algunos pasajes de la bella obra de García Márquez, la exageración desmesurada del artista. Es mejor pecar por exceso, que por falta de elocuencia y que nuestro texto diga poco, o nada.
  Podríamos practicar, como en este ejemplo, sacando un párrafo de una obra para expresarnos con nuestras propias palabras. Luego leer la pagina entera en la que está metido nuestro párrafo. De esta manera podremos saber si tenemos un lenguaje rico o por el contrario, si lo que decimos desentona con el resto por lo pobre de la descripción.

   Para lograr elocuencia es bueno leer mucho de todo, y en mayor proporción poesía. La elocuencia es un arte en si, muy necesario o mejor dicho imprescindible para la novela. En el cuento se puede ser más parco, pero no demasiado.