sábado, 13 de julio de 2013

El Cuento Clásico

  El cuento clásico, como dijimos anteriormente llega hasta Chejov, donde se produce un quiebre y renovación del género. En este tipo de cuento también se cuentan dos historias, una subterránea y la otra a la vista. Lo que sucede es que durante el desarrollo se persigue la intención de un enigma que siempre es desvelado al final del cuento donde la historia subterránea sale a la superficie.
  Recordemos el cuento: El Algodón de Plumas, del gran Horacio Quiroga, que aunque es un escritor de nuestra época cuenta un cuento clásico con absoluta maestría y precisión del género corto. Es una historia en la que se plantea un enigma: el por qué de la enfermedad de Alicia.
  El proceso de este tipo de cuento saca a la superficie tres puntos de cruce entre la historia subterránea y la superficial. Hacerlo menos veces podría tomarse como una casualidad más que una maestría del escritor. Hacerlo más veces podría echar a perder el cuento desvelando antes de tiempo la historia subterránea.
  Dijimos que: son imprescindibles tres puntos de cruce para, entre otras cosas, acrecentar el enigma. Después de leer el cuento uno dice ¡ha, por eso era tal cosa y tal otra! Y las historias cierran perfectamente, el artefacto literario queda de esta manera bien construido.
  Es conveniente que los tres puntos de cruce no estén cerca. Si dividimos el cuento en principio, nudo y desenlace, es preferible que los puntos de cruce estén en el nudo. Aunque ya sabemos que en toda actividad humana existen excepciones, bellas excepciones a la regla.
  Si la historia de la superficie habla de que en un pueblo la gente va muriendo poco a poco y no saben por qué, es ahí donde está el enigma. Podría ser una plaga de laboratorio la causa de los decesos. De esta forma, mientras cuento que la gente se muere puedo decir que el protagonista caminaba desfalleciente por una calle y pateó sin querer unas capsulas, pero no les prestó mayor atención. Este sería un punto de cruce donde la historia de fondo sube y burbujea unos segundos en el borde de la historia de superficie. Claro que debería ser más sutil, este es tan solo un ejemplo. La complicación estriba en no desvelar toda la historia porque estaremos perdidos. Nuestro cuento comenzará a hundirse antes de haber zarpado.
  Quedamos entonces que un cuento clásico cuento una historia de superficie y otra subterránea, la cual sube hace visible en tres ocasiones muy sutiles para no desvelar el resto. Al llegar al final sale completamente al exterior desvelando el enigma.

  Existe un gran número de autores que han escrito este tipo de cuento. Uno muy recomendable: Guy de Maupassant.