miércoles, 21 de agosto de 2013

A Escribir se Aprende Escribiendo




  Como la única forma de aprender a escribir es escribiendo, lo más recomendable es dejar de pensar y escribir. No fastidiarse demasiado con las técnicas, de lo contrario estas bloquearan el proceso creativo.
  Todos tenemos dentro un juez interior que muchas veces nos coarta de realizar ciertas tareas por el propio carácter crítico de este juez. Si dejamos que aflore durante el impulso creativo de la escritura, no nos dejará escribir. Por eso es sumamente importante no escucharlo, porque hablará y hablará. Es como una cotorra que no nos deja de criticar nuestro trabajo diciéndonos cosas como: esto que estás escribiendo no es tan bueno, aquello no se describe de esa forma, ¿quién va a creerse semejante historia?, no lo haces bien, etc. etc. etc...
  Es una situación frustrante por la cual pasan todos los aspirantes a escritores, pero que con el trabajo se logra superar. Esto es una buena noticia, cuando logramos comprender que el arte de escribir tiene varias etapas, comenzamos a respetarlas una a una.
  Cuando una historia llega a nuestro entendimiento, o hace mella en nuestro corazón intentando salir por algún lugar para que esas imágenes por fin sean representadas en el mundo exterior, fuera de uno mismo, a este proceso podríamos llamarlo primer impulso.
  El primer impulso posee una cualidad secreta. Cómo, por qué surge esa necesidad de escribir tal o cuál cosa y cómo a su vez se hace un espacio en nuestro interior para crecer y crearse a si misma, si sabemos respetar nuestros tiempo internos. Luego, la otra manera, es la de crear nosotros mismos la historia a partir de algo que nos afectó de alguna manera, ya sea cautivándonos o creando emociones en nuestro interior que trabajan en función de aquello que nos a tocado de cerca: un accidente, la perdida de una persona querida, una situación de tu vida que haya sido dura, etc. Cualquier historia sirve, no hay historias especiales o historias vedadas para la escritura de un cuento, novela o poesía. Todo se puede contar si primeramente nos ha marcado. Porque si una situación no nos ha emocionado como escritores, ¿por qué motivo va a emocionarse el lector al leer nuestro escrito?
  Esto no quiere decir que uno deba pensar en el lector para escribir. Eso sería una vejación hacia uno mismo. Se debe escribir sin pensar en nada más que en sacar adelante esa anécdota. No debe meterse nada ni nadie entre la historia y nosotros, de lo contrario no obtendríamos la narración de primera mano, pura, límpida.
  El Primer Impulso es siempre el más salvaje, o debería serlo, ya que el crítico interior debe estar callado para poder escuchar esa llamada de la selva que nos hará escribir con los cinco sentidos puestos en la presa como un animal salvaje. Debería escribir como un poseso, como un loco, sin estructuras sociales ni literarias, de ningún tipo. Escribir desde nuestro barro primigenio sin importar las formas. Así se obtiene la historia en bruto, eliminando las fronteras.
  El arte carece de límites y eso a la mente no le gusta. Le da miedo. Por eso es necesario aprender a pensar como un artista. Así que comencemos escribiendo y no abandonemos.
  Debemos ir por la vida atentos a la vida. Ya lo dijo Hemingway: “si un escritor deja de observar está perdido”. La observación es una de las herramientas más importantes del escritor.
  Recordemos: el Primer Impulso es escribir. Solo escribir. No hay que hacer nada más. Y disfrutar del proceso.

  Si andamos escasos de imaginación: Observemos. Tal vez en un diario leemos una noticia que nos llega, o quizás la escuchamos en la radio, o un amigo nos cuenta una anécdota. Es como una relación amorosa entre el que escribe y la historia a narrar. Pueden pasar muchas historias por nuestras narices, pero siempre aparece una que nos enamora, o que se enamora de nosotros.