miércoles, 18 de septiembre de 2013

El personaje literario 1

            
   De modo que buscar un personaje no es más que buscar en nuestro interior, en nuestra caja de tesoros de la infancia y la juventud. ¿Y de la madures? Quizás la madures sirva para observar aquella infancia y juventud con nuevos ojos (más sabios o más necios) pero desde la propia mirada.
  Claro que la madurez también sirve porque de lo que se trata es de observar, para más tarde componer.
  Un personaje puede construirse como un collage donde una o varias partes de mis vivencias confluyen en un punto. De esta manera escribo lo particular, aunque también lo universal, porque un escritor es un ser humano que ha sabido plasmar en el papel lo que toda la humanidad ha sentido en algún momento.
  Esto es así debido a que los seres humanos somos distintos en cuestiones culturales, pero la humanidad que brilla en cada uno es la misma.
  Si miramos bien, todo ser humano quiere ser feliz, quiere ser amado, respetado y recordado. No quiere sufrir, a menos que esté loco.
  Los sentimientos son universales, es por eso que los grandes escritores le llegan a mayor numero de lectores y se quedan entre nosotros incluso después de fallecidos. Ellos han sabido plasmar el alma universal.
  Un escritor es un pequeño dios que fabrica seres de tinta, a partir de un corazón humano. Por eso un personaje no debe ser nunca algo plano, sin trasfondo. Su misión es latir en la historia, infundir emociones, evocaciones e identificación en el lector. El escritor poco hábil no logra plasmar personajes sino más bien marionetas que se mueven sin sentido propio, porque van por la historia manipulados por su creador.
  La originalidad radica en trabajar con esos materiales que ya todos conocemos, pero renovarlos a través de la propia cosmovisión.
  Crear un personaje es un arte en si mismo, entre otras cosas porque el personaje podría darnos la historia. Un buen personaje podría nacer embarazado de su historia.
  Incluso podría ser un  Frankenstain que creamos a partir de la mirada de un amigo, la forma de gesticular de un conductor televisivo, la cadencia para caminar de Jhon Wayne, la manera de vestir de un vecino, etc.…Y finalmente, con todos estos retazos conseguimos a nuestro personaje.
  En conclusión, la observación del mundo es absolutamente necesaria. No tenerla en cuenta sería el símil a querer ser escritor evitando la lectura.
  Para darnos cuenta: Si aun no tenemos la habilidad o arte para crear o incluso reconocer a un buen personaje, podremos descubrir a uno bueno luego de concluir la lectura de una novela o cuento de la siguiente forma: si uno se queda pensando en qué va a hacer ese personaje de ahora en más, o incluso unos días después viene a mi mente su recuerdo y me pregunto qué andará haciendo en este preciso instante, es porque estamos enfrente a un personaje bien logrado, que no reconoce los límites entre la realidad y la ficción, suponiendo que los haya.