viernes, 27 de septiembre de 2013

El Personaje Literario 2

   
  En el training del actor existen ejercicios para anular a ese personaje que llevamos a cuestas durante toda la vida, esa persona que decimos ser, el que destaca por esto o aquello otro, el que escucha o no sabe escuchar, el tímido, el lanzado, la chica guapa, la intelectual, etcétera. No es otra cosa que lograr olvidarnos por un rato del papel que representamos en la vida.
  Para los actores el mundo es un gran teatro de representaciones donde todos y cada uno de nosotros los mortales somos grandes actores sin darnos cuenta. Asumimos un papel desde chicos.
   Representamos escenas, agregamos acá y quitamos allá hasta que nos sentimos cómodos con un personaje y, lo adquirimos. Por ejemplo el hombre dominante que representa su papel de macho alfa porque se siente seguro en ese contexto. O la mujer que le da pena a los demás y de esa forma logra manipularlos. El hombre religioso que tiene la grandiosa tarea de enseñarles a vivir a los demás, el ama de casa, el hijo ejemplar…
  No los expongo para juzgarlos, sino para verlos como personajes desde nuestro punto de vista de creadores, porque uno como escritor no está aquí para juzgar a sus personajes, solo para darles vida, luego ellos harán lo que les plazca.
  Este trabajo de anular al personaje que elegimos para ir por la vida es un trabajo psicofísico, que además de tener un objetivo terapéutico brega en función de dejar a un lado el apego hacia nosotros mismo para poder meterse en la piel de otros. De esta forma el actor aprende a ser múltiples seres humanos: amantes, asesinos, fuertes, débiles, déspotas, etcétera.
  Pienso que el training del actor es ni más ni menos un paso obligado para el aspirante a escritor. Los maestros de teatro (que escriben sus obras de teatro)  suelen ser mejores escritores que los alumnos avanzados de los talleres literarios e incluso de quienes dictan los talleres.
  La razón es que conocen las emociones, saben observarlas en las personas y trabajar con ellas, entienden cómo se realiza una escena, entre otras cosas.
  Repito que este debería ser un paso obligado para el aspirante a escritor, ya que acortaría muchos años de aprendizaje en los que uno anda sin mucha idea de hacia donde va. Incluso para los que ya son escritores este trabajo actoral es recomendable.
  En los talleres literarios uno recibe un acercamiento  a este arte, pero no sale siendo escritor de ningún taller. Se llega a ser escritor cuando se cree en ello como en una cuestión de fe. Escribir es un acto de fe, al igual que realizar el camino que te lleva a ser escritor.
  Sin tenacidad ni fe no hay mucho que hacer. Pero si ya poseemos ambas cualidades y además nos apuntamos a un taller de training actoral, comprenderemos por qué un actor del montón sabe crear un personaje con más talento que un buen escritor.

  Por último, para aquellos que ya escriben hace tiempo y se preguntan cuándo uno se puede considerar ya un escritor, lo comento porque es una pregunta muy recurrida, una de las dudas que suelen tener la gran mayoría en este mundillo literario y, la respuesta es simple: cuando te hayas convertido en un escritor o escritora, no vas a plantearte más esta pregunta. La duda desaparecerá para siempre.