viernes, 4 de octubre de 2013

Creación del Personaje Literario 3

     




     Si queremos aprender a conseguir buenos personajes, el secreto está en trabajarlo mucho. Al personaje uno debe encontrarlo dentro de muchas posibilidades, y ya sabemos que dentro de la cantidad está la calidad.
  En primer lugar una libreta y bolígrafo cargado, como el policía porta su arma. Por hacer un chiste machista: un escritor sin bolígrafo es como un hombre sin pito. No se puede andar por ahí observando el mundo sin tener dónde y con qué contarlo.  
¿Y una escritora sin bolígrafo? Bueno, una chica puede pedir uno donde sea que seguro van a dárselo.

  O sea que hay que llevar la libreta hasta el baño. Incluso tenerla bajo la almohada mientras dormimos para anotar nuestros sueños inmediatamente después de despertarnos. Se pueden sacar verdaderos tesoros de los sueños: personajes, historias, atmósferas. La atmósfera del sueño forma un espacio alucinatorio donde plasmar las historias.
  Debemos anotar lo que nos llame la atención en la calle, mientras trabajamos o vamos al mercado, a la escuela o a una reunión de amigos. Todo hay que apuntarlo siempre y cuando lo que veamos suceder nos interese.
  No hay que cometer el error de que uno puede acordarse de todo lo que ve y escucha para más tarde escribirlo. Esa suerte la podremos tener algunas veces, pero mientras tanto nos olvidaremos un montón de anécdotas más.
  Como dije en otra entrada, uno puede utilizar la manera de caminar de un hermano, el estilo para jugar al póquer de un tío, la manera en que llora una chica….las posibilidades son infinitas.
  Un recurso interesante es construir una ficha del personaje. En el Word o en una ficha propiamente dicha si preferimos realizarlo de forma física. Podríamos comenzar apuntando la fecha de nacimiento del personaje. El lugar donde se crió. Incluso quienes son sus padres y a qué se dedican. Apuntemos las aficiones de nuestro personaje, sus problemas vertebrales o digestivos, esa nariz muy roja que se le enrojece aun más cuando se pasa todo el día bebiendo.
  Claro que todo este trabajo es para que conozcamos bien a nuestro personaje, no para que aparezca en la narración. El trabajo de conocer al personaje es para el escritor. Si cometemos el error de no conocer bien a nuestro personaje, puede que lo hagamos reaccionar o hacer algo inverosímil para él.
  Una vez que tengamos a nuestro Frankestein listo, podríamos escucharlo hablar escribiendo un monologo interior (ya hablaré de está forma de construcción más adelante) en el que nuestro personaje en cuestión sea el narrador.
  Esto tampoco es para incluirlo en la historia, a no ser que al escribirlo nos demos cuenta que lo que queríamos contar se encuentra en ese monólogo interior. Así es el trabajo del escritor, ir probando.