domingo, 17 de noviembre de 2013

El Talento

  Existe un talento innato para escribir, un algo que viene por defecto, aunque luego haya que pulirlo. Esto no debería llamar la atención a no ser que hablemos de un súper  talento, de los que si hay muy pocos. A lo mejor nazcan uno o dos por siglo. Borges es un buen ejemplo de súper talento.
  Pero a todo ser humano le es entregado un talento, a lo mejor varios, al nacer. De ahí que elijamos este o aquel oficio. El subconsciente no es tonto, lo sabe incluso antes que nosotros. Por eso digo que no debe llamar la atención el hecho de poseer un talento.
  Tal vez llame la atención porque el ser humano hoy en día sufre una desventuranza tal, que esa pérdida de si mismo lo impulsa a realizar cosas realmente extrañas para si. El actor que por miedo al futuro se convierte en comerciante o abogado, los oficios que pasan de una a otra generación, por ejemplo.
  ¿Quién tiene coraje para, después de estudiar una carrera de cinco años en la universidad, al finalizar y buscar un empleo decir: me equivoqué, esto no es lo que yo quiero para mí? Luego de cinco años muy largos el ser humano pretende seguridad, dinero, casa, etc...
  Por eso después vemos a médicos sin talento, a oficinistas aburridos hasta el hartazgo, a comerciantes que viven como si esperasen la llegada del amor de sus vidas, sofocados, suspirando, anhelando que en algún momento comiencen a vivir y así ser  felices.
  Nos desviamos de forma antinatural de nuestros talentos. Observamos en quienes han sabido escucharse, conocerse, cómo aman lo que hacen cada día y decimos: ¡ojalá yo tuviera un talento igual!, ¡es cuestión de suerte!, ¡así cualquiera!, o cosas semejantes para quitarnos la responsabilidad de no conocernos.
  El mundo está lleno de personas que no aman lo que hacen por desconocer sus talentos. Existen muchas personas que quieren ser escritores por afán de reconocimiento, para ser famosos, para ganar mucho dinero. El foco está en otra parte, no en la pasión de narrar una historia. Y como son demasiadas las personas que se encuentran en esta tesitura, parece que fuera normal no tener talento para lo que uno ha elegido hacer en la vida.
  Creo que una persona debería plantearse esto cuando no siente nada positivo hacia la tarea que realiza. Indagar en uno mismo y cambiar creencias o pensamientos es un trabajo muy profundo y arduo que a lo mejor en este momento de nuestras vidas no estamos listos para realizar, pero que en algún momento, indefectiblemente, tendremos que llevar a cabo. Vivir sin amar lo que uno hace resulta una agonía cotidiana que lamentablemente está vista como algo normal.
Todos tenemos algún talento para trabajarlo. Si escribir es el nuestro  trabajar duro es el único camino.