sábado, 29 de noviembre de 2014

Trapalepelangüa


                                      

    TrapalepelangÜa no es un libro cotidiano. Desde lo inesperado, sus poemas arrancan a las palabras de su significado habitual para transformarlas en seres diferentes no convencionales. De esta forma el libro busca buenos lectores. Arriesgados a no perder las etiquetas ni esa lógica cotidiana tan necesaria para la vida, cuando uno se maneja por ella con el piloto automático puesto.
TrapalepelangÜa arranca del sofá al impasible ser humano en el cual todos nos convertimos en algún momento, nos saca de las zonas seguras, de las propiedades del confort para remitirnos en cada palabra a nuestro interior.
Porque la significación no se encuentra tan solo en el libro, sino dentro de cada lector, donde cada palabra, imagen o metáfora nos dirá algo sobre nosotros que podremos ver si no apelamos a la memoria, donde se busca lo antiguo, lo ya aprendido, para comparar, poner nombres y etiquetar, acción que todos hacemos sin darnos cuenta hasta que algo nos dice basta, quiero conocer lo nuevo, no rememorar lo antiguo para lograr comparaciones nefastas.
TrapalepelangÜa cambia las tornas con un lenguaje plástico, maleable, teniendo siempre la idea fiel de expandirse dentro del lector, hasta donde cada uno marque sus límites, ayudando siempre a que esas fronteras mentales se dilaten hasta donde ya no podamos verlas.
 Balloffett

  Disponible en el Kindle de Amazon

sábado, 1 de noviembre de 2014

Poesía Clásica o Poesía Moderna

          






  Existen a grandes rasgos dos tipos de poesía, la clásica y la moderna. Dentro de cada una hay un mundo por descubrir, si es que uno pretende ser poeta o al menos escribir poesía sin descomponer a ningún lector. Es necesario conocer ambas partes aunque luego descartemos alguna de ellas, o incluso hagamos un collage con ambas.
  Si queremos innovar primero es necesario conocer bien aquello a innovar. Si elegimos la poesía moderna no es bueno desconocer la poesía clásica ya que en ese mundo se encuentran excelsos poetas que han construido el universo poético.
  Sin ellos hoy no tendríamos poesía, o al menos no dispondríamos de referentes a los cuales acudir. Para llegar a la poesía moderna este ingenio literario a vivido mucho, ha pasado por innumerables corrientes y maestros poetas.
  Aunque hablemos de diferencias notables entre estas dos formas poéticas, la chispa que se enciende en la mente o el corazón, o quizás en todo el organismo del poeta al iniciar una poesía, es la misma. Solo las formas externas cambian.
  En la poesía clásica ese sentimiento poético es sostenido con técnicas como la rima. En la poesía moderna es ese mismo sentimiento lo que va dando forma y ritmo al poema. Se respeta o escucha cómo ese sentimiento prefiere salir a la superficie, lo cual, en cierta forma, es más difícil que rimar. Lo digo porque la rima una vez que se aprende es un procedimiento mecánico que ayuda a sostener el poema, es una gran herramienta.
  En el poema moderno ese ritmo el autor lo busca por instinto. Es esta una de las grandes diferencias entre ambas vertientes en las cuales el autor debería elegir cuál de ellas seguir a la hora de escribir un poema.
  Por eso lo primero es leer mucho de poesía clásica y moderna, ya que incluso uno podría parapetarse en un termino medio del cual saque cosas de ambos lados.
  Algunas de las diferencias que se sostienen entre ambas partes son las siguientes:
Rima y metro son imprescindibles en la poesía tradicional o clásica, como así también lo son el vocabulario  no cotidiano, temas clásicos como el amor y la muerte.
  En la moderna el ritmo y el metro no son imprescindibles aunque pueden utilizarse. Al ritmo no lo produce la rima como en la clásica,  a diferencia de esta lo hacen la organización de las palabras en la página. En la poesía moderna la sintaxis produce un disloque que nace de la forma y el qué quiere expresar el poeta.
  En todo caso la poesía, como todo arte, es extracotidiana, una transgresión del sentido común. No sirve acá la lógica cotidiana del dos más dos cuatro, de lo esperable, de los condicionamientos.
  El mundo poético en el interior del ser humano es un campo de batalla, porque ahí dentro uno se encuentra proclive al autoconocimiento, y esto podría ser una fiesta o una película de terror, depende de lo que cada cual encuentre. Pero lo que si es cierto es que escribiendo poesía uno deja de ignorar, si es el caso, qué había en el interior de esa alma que contenemos en nuestra cáscara de hueso y carne.

  Cuanto más sensible es el ser humano para el arte, más ha conocido ese mundo interior, más ha profundizado en el. Esta es la pauta que tenemos para saber hasta dónde ha llegado un poeta, si se encuentra en la superficie o si llegó muy hondo.

sábado, 19 de julio de 2014

Nicolás Guillén y las reglas clásicas

                                      


  << Creo que los poetas jóvenes deberían demorarse a estudiar los buenos modelos, no me refiero a los viejos, sino a los clásicos: A veces pienso que a algunos poetas de ineludibles condiciones les sería necesario estudiar seriamente los medios de expresión, esto es, la gramática, las formas métricas, los géneros literarios, algún idioma, y desde luego, el español. No quiero decir que yo pida ahora que los poetas jóvenes escriban como los poetas del siglo de oro; pero creo, eso si, que estos son ejemplares para una buena formación literaria. Por lo pronto, suelo preguntar a los poetas jóvenes, cuando me hacen el honor de someter a mi juicio algún poema, si han escrito aunque sea un soneto. No me siento cómodo cuando me doy cuenta de que ignoran las formas estróficas más elementales. A mi juicio, para revolucionar un arte, cualquiera que este sea, es indispensable primero dominarlo. >>

domingo, 15 de junio de 2014

Poesía Clásica o Poesía Moderna

 
  Existen a grandes rasgos dos tipos de poesía, la clásica y la moderna. Dentro de cada una hay un mundo por descubrir, si es que uno pretende ser poeta o al menos escribir poesía sin descomponer a ningún lector. Es necesario conocer ambas partes aunque luego descartemos alguna de ellas, o incluso hagamos un collage con ambas.
  Si queremos innovar primero es necesario conocer bien aquello a innovar. Si elegimos la poesía moderna no es bueno desconocer la poesía clásica ya que en ese mundo se encuentran excelsos poetas que han construido el universo poético.
  Sin ellos hoy no tendríamos poesía, o al menos no dispondríamos de referentes a los cuales acudir. Para llegar a la poesía moderna este ingenio literario a vivido mucho, ha pasado por innumerables corrientes y maestros poetas.

  Aunque hablemos de diferencias notables entre estas dos formas poéticas, la chispa que se enciende en la mente o el corazón, o quizás en todo el organismo del poeta al iniciar una poesía, es la misma. Solo las formas externas cambian.
  En la poesía clásica ese sentimiento poético es sostenido con técnicas como la rima. En la poesía moderna es ese mismo sentimiento lo que va dando forma y ritmo al poema. Se respeta o escucha cómo ese sentimiento prefiere salir a la superficie, lo cual, en cierta forma, es más difícil que rimar. Lo digo porque la rima una vez que se aprende es un procedimiento mecánico que ayuda a sostener el poema, es una gran herramienta.
  En el poema moderno ese ritmo el autor lo busca por instinto. Es esta una de las grandes diferencias entre ambas vertientes en las cuales el autor debería elegir cuál de ellas seguir a la hora de escribir un poema.

  Por eso lo primero es leer mucho de poesía clásica y moderna, ya que incluso uno podría parapetarse en un termino medio del cual saque cosas de ambos lados.
  Algunas de las diferencias que se sostienen entre ambas partes son las siguientes:
Rima y metro son imprescindibles en la poesía tradicional o clásica, como así también lo son el vocabulario  no cotidiano, temas clásicos como el amor y la muerte.
  En la moderna el ritmo y el metro no son imprescindibles aunque pueden utilizarse. Al ritmo no lo produce la rima como en la clásica,  a diferencia de esta lo hacen la organización de las palabras en la página. En la poesía moderna la sintaxis produce un disloque que nace de la forma y el qué quiere expresar el poeta.
  En todo caso la poesía, como todo arte, es extra cotidiana, una transgresión del sentido común. No sirve acá la lógica cotidiana del dos más dos cuatro, de lo esperable, de los condicionamientos.
  El mundo poético en el interior del ser humano es un campo de batalla, porque ahí dentro uno se encuentra proclive al auto conocimiento, y esto podría ser una fiesta o una película de terror, depende de lo que cada cual encuentre. Pero lo que si es cierto es que escribiendo poesía uno deja de ignorar, si es el caso, qué había en el interior de esa alma que contenemos en nuestra cáscara de hueso y carne.
  Cuanto más sensible es el ser humano para el arte, más ha conocido ese mundo interior, más ha profundizado en el. Esta es la pauta que tenemos para saber hasta dónde ha llegado un poeta, si se encuentra en la superficie o si llegó muy hondo.


miércoles, 16 de abril de 2014

Recordando al Maestro Juan Gelman.






   El poeta argentino Juan Gelman falleció a los 83 años el 14 de enero de 2014 en ciudad de México. Su violín (como llama a su corazón en una poesía) dejó de sonar aquella triste noche. El poeta más importante que tubo argentina vivo hasta entonces  ganó el premio cervantes en 2007, aunque su repertorio de premios es casi tan amplio como el poético.
  Hijo de inmigrantes ucranianos, escuchaba a su hermano recitar poemas de Pushkin en Ruso, y aunque no los entendía, comenzó a sentirse atraído por la musicalidad de las palabras. Decidió labrarse un camino como poeta, aunque su madre insistía en que nunca viviría de la poesía.
  Militó desde los 15 años pasando por el partido comunista,  las FAR (fuerzas armadas revolucionarias) y Montoneros (guerrilla peronista).  Desde muy joven se dedicó al periodismo, siendo el diario Montoneros uno de sus trabajos donde desempeño el puesto de jefe de redacción. Siempre ocupando importantes cargos como lo hizo en la revista Panorama, periódico La Opinión o la revista Crisis.
  El año 1976 fue el más trágico para el poeta. La dictadura militar argentina secuestro a su hijo Marcelo y a su nuera que estaba embarazada. Su nuera jamás apareció y a su hijo lo encontraron catorce años después con un tiro en la nuca y dentro de un bidón relleno con cemento. En el año 2000 halló a su nieta Macarena en Uruguay.
   El poeta que afirmaba que la muerte de un hijo es un dolor que no termina nunca, decidió escribir desde la pérdida y no desde el odio ‘’que nos hace daño’’, o la venganza ‘’que nunca es la solución y, además, da mal ejemplo’’.
  Gelman vivió en el exilio desde 1975 y aunque la presidencia de Menem lo absolvió de la orden de captura que el gobierno militar le impuso por su pertenencia a Montoneros, el poeta argentino decidió quedarse a vivir en México, donde llevaba un año residiendo luego de vivir en París, Roma, New York y Managua.

  




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Escribir Poesía



  En cierta forma la poesía es un mundo onírico, lo digo porque creo que la mejor forma de acercarse a ella es como lo hacemos con un sueño. No debemos intentar comprender una poesía con la lógica cotidiana. De hecho uno de los trabajos de la poesía es romper con lo cotidiano ya que muchas veces  las palabras que conocemos como tales, dentro de un poema pueden significar algo diferente.
   Puede ser un mundo de ensoñación o quizás un universo que muestre la faceta más atroz de la vida. Porque las poesías no solo hablan de amor con palabras sostenidas con la rima. Existen muchas clases de poemas, quizás tantos como poetas hay en el mundo.
  Estoy seguro de que un escritor debe conocer la poesía, aunque no pretenda escribirla. Pero de forma parecida, así como la música tiene su propio lenguaje, la poesía es el lenguaje de la literatura.
  Para saber utilizar las palabras y sacarles el máximo provecho, para construir metáforas, sonidos provocados por las letras repetidas, o buscar un ritmo en el idioma, y también muchas otras cosas más, primero habría que pasar por la poesía. Se de muchos escritores, porque ellos mismos me lo han contado, que nunca intentaron escribir poesía ni tampoco la han leído. No se cómo lo harán, pero que Dios los ayude.
  Por lo que ya dije y por otras que no he dicho, creo que la poesía es un paso obligado para ser escritor, aunque no pretenda uno ser poeta o poetisa. Un aspirante a escritor debe leerla seguro, pero intentar escribirla a modo de ejercicio, sin buscar la gloria en ello, es imprescindible para comprender el idioma literario, ya que cada oficio tiene su propio modo y sus propias palabras.
  Uno no puede escribir una carta comercial como si fuera una poesía, ya que podría haber interpretaciones negativas hacia quien la escriba, además de ser poco profesional en un ambiente empresarial.
   No debería escribirse una noticia de defunción a través de la sátira o un libro de recetas con la terminología de la física cuántica. Es cierto que en literatura se puede hacer casi todo, incluido utilizar muchas voces, pero si elegimos mal  puede ser espantoso. Toda una novela escrita en lenguaje militar podría cansar al lector de tal forma que abandone el libro en el tercer o cuarto capítulo si esto no cambia. Si uno pretende escribir con varias voces, tiene que tener en cuenta  que desentonar y terminar escribiendo  una prosa infumable es muy fácil.
    Cómo utilizar menos palabras y decir más. Porque el ahorro es bueno en todos lo sentidos. Si puedo decir lo mismo con menos palabras quiere decir que me sobraban. Y si puedo decir más con menos, tanto mejor. ¿Cómo lo logramos? Con la poesía. ¿Cómo darle más fuerza a lo que escribimos e incluso un doble sentido? Muy fácil. A través de la poesía. Esto no quiere decir que los recursos de estructura y lenguaje sean los mismos en una poesía, un cuento o una novela. Cada cual tiene sus ingredientes.

  La poesía es el género con el que más conecta el escritor con su interior. El que escriba poesía sabrá lo que digo. Uno tiene la oportunidad de filosofar partiendo desde la identidad personal hacia el mundo. El poeta o poetisa deben ahondar en el conocimiento de la propia identidad para poder continuar con ese conocimiento proyectado hacia el mundo exterior.

viernes, 28 de febrero de 2014

Cartas a un Joven Poeta

  Estas son unas palabras del poeta Rainer María Rilke a un joven poeta desconocido llamado Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar austrohúngara. De toda la extensa obra epistolar de Rainer María Rilke “Cartas a un Joven Poeta” es la más conocida.
  Es recomendable leer esta obra si uno pretende ser escritor, ahora bien, si uno lo que busca es ser poeta entonces la lectura de este libro será obligatoria. Habla entre otras cosas de ese mundo interior al cual el poeta debe recurrir. Escuchar la voz interior ante todo. Cualquier método externo es vacuo y efímero. Lo comparto.
  Esta obra es extraordinaria para leerla en la adolescencia, aunque no le vendría mal releerla incluso al escritor más avezado. 



 “Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes se lo ha preguntado a otros. Los envía a las revistas. Los compara con otras poesías, y se inquieta cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos. Ahora — ya que usted me ha permitido aconsejarle—, le ruego que abandone todo eso. 
  Usted mira a lo exterior, y esto es, precisamente, lo que no debe hacer ahora. Nadie le puede aconsejar ni ayudar; nadie. Solamente hay un medio: vuelvas usted sobre sí. Investiga la causa que le impele a escribir; examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón.           Confiese si no le sería preciso morir en el supuesto que escribir le estuviera vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de su noche: ¿debo escribir? Ahonde en si mismo hacia una profunda respuesta; y, si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo “debo”, construya entonces su vida según esta necesidad; su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante, un signo y testimonio de este impulso. 
   Después acérquese a la naturaleza. Entonces trate de expresar como un primer hombre lo que ve y experimenta, y ama y pierde. No escriba poesías de amor; sobre todo evite las formas demasiado corrientes y socorridas: son las más difíciles, pues necesario una fuerza grande y madura para dar algo propio donde se presentan en cantidad buenas y, en parte, brillantes tradiciones. 
     Por eso, sálvese de los motivos generales yendo hacia aquellos que su propia vida cotidiana le ofrece; diga sus tristezas y deseos, los pensamientos que pasan y su fe en alguna forma de belleza. Diga todo eso con la más honda, serena y humilde sinceridad, y utilice para expresarse las cosas que lo circundan, las imágenes de sus ensueños y los temas de su recuerdo. 
 
Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted; diga que no es bastante poeta para suscitar sus riquezas. Para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre, indiferente.”