viernes, 28 de febrero de 2014

Cartas a un Joven Poeta

  Estas son unas palabras del poeta Rainer María Rilke a un joven poeta desconocido llamado Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar austrohúngara. De toda la extensa obra epistolar de Rainer María Rilke “Cartas a un Joven Poeta” es la más conocida.
  Es recomendable leer esta obra si uno pretende ser escritor, ahora bien, si uno lo que busca es ser poeta entonces la lectura de este libro será obligatoria. Habla entre otras cosas de ese mundo interior al cual el poeta debe recurrir. Escuchar la voz interior ante todo. Cualquier método externo es vacuo y efímero. Lo comparto.
  Esta obra es extraordinaria para leerla en la adolescencia, aunque no le vendría mal releerla incluso al escritor más avezado. 



 “Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes se lo ha preguntado a otros. Los envía a las revistas. Los compara con otras poesías, y se inquieta cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos. Ahora — ya que usted me ha permitido aconsejarle—, le ruego que abandone todo eso. 
  Usted mira a lo exterior, y esto es, precisamente, lo que no debe hacer ahora. Nadie le puede aconsejar ni ayudar; nadie. Solamente hay un medio: vuelvas usted sobre sí. Investiga la causa que le impele a escribir; examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón.           Confiese si no le sería preciso morir en el supuesto que escribir le estuviera vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de su noche: ¿debo escribir? Ahonde en si mismo hacia una profunda respuesta; y, si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo “debo”, construya entonces su vida según esta necesidad; su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante, un signo y testimonio de este impulso. 
   Después acérquese a la naturaleza. Entonces trate de expresar como un primer hombre lo que ve y experimenta, y ama y pierde. No escriba poesías de amor; sobre todo evite las formas demasiado corrientes y socorridas: son las más difíciles, pues necesario una fuerza grande y madura para dar algo propio donde se presentan en cantidad buenas y, en parte, brillantes tradiciones. 
     Por eso, sálvese de los motivos generales yendo hacia aquellos que su propia vida cotidiana le ofrece; diga sus tristezas y deseos, los pensamientos que pasan y su fe en alguna forma de belleza. Diga todo eso con la más honda, serena y humilde sinceridad, y utilice para expresarse las cosas que lo circundan, las imágenes de sus ensueños y los temas de su recuerdo. 
 
Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted; diga que no es bastante poeta para suscitar sus riquezas. Para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre, indiferente.”